lunes, 14 de noviembre de 2016

PICO ARRATIL 2.898 m. CUMBRE ÁSPERA Y ANTIPÁTICA



Ayer llegué a las 15 h a Panticosa en el autobús. He comenzado el entrenamiento para mi proyecto de ascender cuatro cumbres de 6.000 en 2017 y empiezo por subir andando, de tirón hasta Bachimaña. Son 1.000 metros de desnivel y cuando llegué al refugio a las 18 h ya anochecía.
Esta mañana he salido a las 7 h por el camino de la orilla este del embalse. Está bien marcado con traza e hitos y se alcorza bastante. En un par de horas me presento en el gran embalse de Bramatuero superior, y eso que me he tenido que descalzar para cruzar el torrente.
Algunas enlaces de internet encaminan por la orilla sur en un fatigoso rompepiernas de hora y pico, para ganar cero metros..
Eso nos pasó este verano impidiéndonos alcanzar la cima del Arratil, pero hoy me lanzo con decisión atravesando por bloques y laderas de hierba y rocalla bordeando la orilla norte del Bramatuero superior, y descubro que los hitos balizan con precisión la ruta, y en menos de media hora me planto en el ibón de Letrero, justo bajo la fiera cúpula del Arratil que ya se ve cerquita.

Desde el embalse de Bramatuero superior se divisan los Dientes de Batanes.


Pero la ladera es muy empinada, con cortas trepadas por hierba y rocalla, fatigosas de subir y (supongo) antipáticas de bajar. Así alcanzo la brecha oeste del pináculo somital, hendido por dos chimeneas casi verticales que es mejor deshechar. Por contra, atravieso a la derecha (este) por una pendiente inestable unos 40 metros hasta descubrir un canalón oculto, estrecho y poco vertical, que se sube casi andando hasta la cumbre del Arratil.
Han sido tres horas y media desde Bachimaña para un desnivel de más de 700 metros. La vista sobre el Vignemale, ya nevado, es grandiosa.
La bajada es delicada y requiere pies seguros. Una caída en esta ladera tan escarpada y no sales vivo, eso fijo. Hay que poner los cinco sentidos.
En resumen: El Arratil es un pico lejano y requiere hábito y experiencia montañera. La cuerda no es de ninguna utilidad aqui. El descenso cuesta tanto o más que la subida. Son muy útiles unos guantes de ciclista para proteger las manos.
Recomiendo a los veteranos Rafa, Ramón y Pepe a armarse de paciencia y regresar el próximo verano. ¡Ánimo chavales, y si hace falta os acompaño!


Vignemale con las primeras nieves.

Detalle pináculo final.
 
Pico Arratil, itinerário desde el ibón de Letrero.



 

lunes, 7 de noviembre de 2016

MALLO LAS BLANCAS 2.822 m (Tendeñera oeste)

Desde el puente del Sia, vertiente oeste del puerto de Cotefablo, se toma una pista por la margen derecha orográfica del río Sia hasta un primer refugio y luego un bello sendero hasta el segundo refugio, Soaso, 1.800 m, dos horas y media de ascenso. La ruta es bastante enrevesada y de fuerte desnivel, tres o cuatro horas más hasta la cumbre. Por la marcada canal de la izquierda discurre la interesante y variada vía "Oscar Pérez". El Mallo Las Blancas es una muralla marmorea al oeste del pico Tendeñera.

Bien sea en diagonal de izquierda a derecha, o directo por un corredor empinado, iremos a parar a una repisa  bajo una muralla lisa y compacta. Chimenea que permite superar el muro liso (III)

En la cima del Mallo Las Blancas, 2.822 m. Detrás el embudo de la cara norte por donde sale la vía que abrí en solitario,  dedicada a Fernando Orús (2010). Con mi hermano Enrique y dos escaladores navarros abrimos la interesante vía del espolón sur este, dedicada a Iñaki Ochoa de Olza.

Vista hacia el sur oeste. Se puede apreciar en la foto la larga arista oeste del Mallo Las Blancas.

Para bajar se vuelve a pasar por la chimenea. En invierno es una goulotte helada. Sin nieve se destrepa sin gran dificultad.

Descendido el muro liso hay que tomar una canal empinada al sur que nos devolverá hasta el valle. En total se invierten unas diez u once horas entre subir y bajar. El Mallo Las Blancas o Pico de La Ripera es una escarpada cumbre dificil y costosa de alcanzar.







OTRO RESCATE PERRUNO
Una cuadrilla de cazadores solicitó mi colaboración para rescatar a un perro que llevaba ya más de un día enriscado en una de las peñas de Rapún, al sur de Sabiñánigo. Casco, arnés y descensor. Unas cintas y mosquetones. El primer descenso ha sido infructuoso, rapel vertiginoso en ligero desplome, 30 metros justos. Toda la cuerda disponible. Ni rastro del perro. Es una pared lisa, sin relieves. Imposible que esté por aquí.
Paco hace memoria. Es más a la derecha, bastante más a la derecha. Vuelvo a rapelar la ralla, y allí está, en una repisa, acurrucado junto a un arbusto. Ha llegado por una estrecha vira diagonal, y allí se ha quedado. Lo cojo con un brazo y rapelo los 10 metros verticales hasta el suelo. El perrillo está a salvo. Los cazadores desmontarán el tinglado de rapel y yo tiro monte a través en dirección a Rapún. El perro se va a su puta bola y al rato aparece dócil y manso  junto a los vehículos. Los cazadores están contentos y quieren reconpensarnos a mí y a Antonio, que también ha venido de propio a rescatar el chucho: Pasado mañana os vamos a dar unos buenos pedazos de jabalí que cazamos ayer. ¡Ostia, estofado estará de rechupete!

En el invierno de 2009 ya rescate a dos perros de caza enriscados en la cumbre del Rigüelo, a 2.400 m. Habían subido persiguiendo a los sarrios y luego no podían bajar por la nieve helada.
Pendiente helada de 45º. Fue un descenso delicado pero los perretes se percataron de que era su última oportunidad. Pepe Callau y Pedro Expósito me acompañaban. Los chuchos eran de "Martón", un cazador de Esposa.

domingo, 30 de octubre de 2016

PALA RAYOS 2.646 m. TRAVESÍA DE ARISTAS

David Martínez (Barcelona)


Un pequeño grupo de jóvenes  montañeros, David, Eric, Adrián y Javi, partimos desde Barcelona hacia Acumuer, para encontrarnos con el apreciado compañero Jesús Vallés, con el objetivo de coronar la dura cumbre de Pala Rayos (2646 m), situada en la Sierra de Partacua.

Nos levantamos pronto, desayunamos fuerte y esperamos ansiosos a Víctor de Jaca para emprender la ruta hacia nuestro objetivo.

Iniciamos el trekking desde el Valle de Acumuer (1.100 m) disfrutando de los verdes parajes, después de 2h de pista bordeamos el río y tomamos el sendero para el Ibón de Bucuesa (2124 m) pasando por la Faja de la Pala con una gran caída a nuestra derecha, rápidamente llegamos al Ibón, nos tomamos unos minutos para reponer fuerzas y empezar la trepada del último tramo hacia la cumbre. Después de 1h aproximadamente de partir desde el Ibón, llegamos al collado, a los pies ya de la inesperada cima, bordeamos la cresta para atacar la cumbre por su cara norte, después de un paso un poco expuesto, por fin coronamos!

Disfrutamos de unas fantásticas vistas de este a oeste a Monte Perdido, Vignemale, Balaitús y Midi d'Ossau.

Nos disponemos a descender por la arista este quedándonos de frente el vasto macizo de Peña Retona, en una 1.30 h aproximadamente bajando por la tartera, llegamos a una estrecha canal por la cual descenderemos y llegar de nuevo al Valle de Acumuer.

Después de 12 h de una larga ascensión y 1.500 metros positivos de desnivel, llegamos al punto de partida donde disfrutaremos de un fantástico banquete lleno de compañerismo y armonía.



Agradecimientos al compañero Jesús Vallés por su hospitalidad y compañía.

Circo de Canals.


Canal de acceso a la faja.


 Javier.


Faja de la Pala. Camino al ibón de Bucuesa.


Bordeando la Peña Somola.


Ibón de Bucuesa.


Inicio cresta oeste.


En la cresta oeste de la Pala Rayos.


Travesía horizontal.


Canal empinada.

Cerca de la cumbre.


Tramo de IIº

Torreón final.

Pala Rayos (Partacua) 2.646 m.

Banderas de oración.

El grupo al completo en la cumbre.



Cena y tertulia en el refugio Cicutar (Acumuer)



HAYEDO DE OTURIA. 30 ANIVERSARIO DE SU SALVACIÓN (ESTUVO A PUNTO DE SER CONVERTIDO EN CARBÓN VEGETAL PARA BARBACOAS)



sábado, 22 de octubre de 2016

SUEÑO VERTICAL. "ABRAZO AL VACÍO". MEDIOCRIDAD Y TALADRO EN LOS ABISMOS DE PEÑA RUABA

En 1961 Rafael Montaner y José Antonio Bescos escalaron el Diedro Nordeste de la Peña Ruaba (línea roja) con un vivac en pared y otro en la cumbre. En 1977, una cordada compuesta por Jesús Bernal, Amador Coscolla, Fernando Orús y Jesús Vallés, y tal vez otro escalador más cuyo nombre no recuerdo, consiguimos la primera repetición. Esta segunda ascensión se desarrolló con mayor rapidez, y a pesar de no encontrar colocada ni una sola clavija solo nos costó siete horas. 


 Gran Diedro de Peña Rueba, escalado en 1961 y 1977 (línea roja). Se desconoce si ha tenido alguna otra repetición. Unos 50 metros a la izquierda (sur) del Gran Diedro se yergue un pilier bastante marcado y definido. Este filo bastante erguido y que se interrumpe a dos tercios de su altura, ya fué escalado en los años 70 por cordadas madrileñas a pesar de no finalizar la parte final (Rodolfo Assas, Santiago Hernández, y otros). Esto no impidió a los taladradores oportunistas de Sendero Límite  perforar e instalar su itinerario de bajo riesgo al que pomposamente denominaron "Espolón del Gállego" (ver foto de arriba), que por su civilizada exposición ha tenido un gran éxito entre los escaladores actuales, poco amigos del aseguramiento precario y del pitonaje improvisado.
 Los primeros cien metros del Gran Diedro de Peña Ruaba nos ofrecieron una seria resistencia, (A2/ V sup). Al alcanzar la fisura de sabinas en extraplomo la progresión deja de ser peligrosa pues estos arbolitos constituyen un estupendo seguro (60 metros, V, mantenido). Más arriba el fondo del diedro se hace terroso y musgoso pero es posible alcanzar, a la derecha, el espolón norte en una sencilla escalada de IVº hasta la cumbre. En mi opinión la vía original del Gran Diedro de Peña Ruaba es una gran ruta de 300 metros, con dificultad global de A2 y V superior, que exige gran destreza en el pitonaje y un sólido habito en la precariedad y la exposición. Por eso algunos grandes escaladores han fracasado en este itinerario que yo compararía en dificultad con la Vía de Verano al mallo Pisón.
"Abrazo al vacío" de los pretenciosos "Sueño Vertical" es un "building" (instalación de parabolts) artificiosa y artificial, carente de lógica en su línea caprichosa por una pared que sería imposible de escalar sin el taladro industrial. "Abrazo al vacío" constituye una agresión a la Peña Ruaba por parte de unos tipos que escalan más lentos que el caballo del malo en las películas, según acreditan ellos mismos al relatar que les ha costado "varios días" de perseverante "trabajo" dejar lista para el consumidor, como una especie de "pret a porter", su "nueva" vía..
En 1977 escalamos esa pared en siete horas. 39 años más tarde, apuesto que Sueño Vertical ha invertido como mínimo siete días. Esa es la evolución de la escalada hoy en día. Se impone la mediocridad perseverante, la constancia taladrante, el parabolt dominante, frente al estilo clásico de antaño:  escalar rápido,  listo y ligero. 

Con esta nueva construcción, el infame equipo de Jesús Sánchez continúa arruinando el patrimonio histórico de la escalada en Aragón. Vías geniales, espléndidas, de ambiente y compromiso, (cara norte del Águila, Vía Ursi, etc..) que nos legaron nuestros pioneros, están siendo trilladas de chatarra, despojadas de su severidad y exposición, convertidas por el taladro industrial en un parque de aventura vertical. Seguro que pronto la F.A.M le concederá algún premio a "Sueño Vertical".
Al tiempo..


 
HAYEDO DE OTURIA, TREINTA ANIVERSARIO DE SER SALVADO DE LA TALA PARA CONVERTIRLO EN CARBÓN VEGETAL




ESTAMOS EN OTOÑO: ¿A QUÉ ESPERAS PARA PONERTE A SEMBRAR BELLOTAS DE ROBLE Y ENCINA?


 En nuestras salidas al campo podemos recolectar algunas bellotas, ya sean de roble o encina, y sembrarlas en la linde de un sendero desarbolado o cualquier terreno baldío que no vaya a ser ya cultivado. Será suficiente con enterrarlas dos o tres centímetros y cubrirlas con un poco de tierra y hojarasca. Las lluvias harán el resto y algunas bellotas germinarán y enrraizarán poblandose estos lugares con jovencitos "quercus".

 En el norte de la provincia de Huesca podemos encontrar  hermosos robledares (cajicares) con más de 500 años de edad. Los paisanos han sabido hacer un juicioso aprovechamiento de estos bosques realizando podas cuidadosas para obtener leña y destinando esas dehesas al apacentamientos de vacas y bueyes de labranza. En la foto podemos apreciar uno de estos viejos robles, finca "La Liena" (Javierre del Obispo)

domingo, 16 de octubre de 2016

CASTORE 4.228 m, MI PRIMER CUATRO MIL.

Martín Moliner
(Valencia)



Desde que comencé a conocer la naturaleza y en especial la montaña, me ilusionaba llegar a la cima y mientras mas alta fuese y mayor hubiese sido el esfuerzo mejor me sentía al alcanzarla. Más tarde, comprendí que este es el principio fundamental del montañismo y de las personas que nos apasiona el terreno alpino.

Aún me acuerdo del día que conocí a Jesús por el cual sentía una gran admiración ya que, mi padre me explicó que había subido grandes montañas de las cuales solo había oído hablar en libros y me parecían inalcanzables en especial el Mont Blanc, en aquel tiempo considerado el punto más alto de Europa con sus 4.809 mts. Esa admiración me hizo disfrutar de las excursiones y pequeñas ascensiones asequibles que hicimos con él a la vez que, a mi temprana edad me hacía sentirme un montañero más, despertando en mí la pasión por este deporte.

En los Pirineos, cada verano con mis padres, realizábamos ascensiones a diferentes picos en los cuales comencé a aprender y a saber desenvolverme con soltura en ella obteniendo una pequeña experiencia base, para, en un futuro, poder aumentar el nivel. Pasaron los años y después de alcanzar la cota 3.355 con el Monte Perdido y varios tresmiles asequibles del pirineo, mi familia me informó del proyecto de viaje a los Alpes con Jesús. Esto me ilusionó muchísimo ya que el proyecto incluía ascender a varios cuatromiles lo cual me volvía loco.

Siempre había visto los Alpes como un nivel muy alto y superior a los Pirineos, como una cordillera con una larga historia de ascensiones épicas a la vez que grandes tragedias, esto me excitaba. Por fin llegamos a Gressoney donde nos encontramos con Jesús y nos explicó las variaciones de las excursiones respecto lo inicial por el tiempo y la dificultad de algunos pasos como el Naso el cual en estas épocas del año se encontraba con una pared de hielo muy técnica y peligrosa para mi nivel de experiencia en hielo. Estaba viviendo un sueño, desde esa noche estaba nervioso por la primera ascensión al refugio Quintino Sella, de la cual había visto fotos y la ferrata por una pequeña cresta me daba bastante respeto puesto que de más joven había tenido momentos de bastante miedo por los pasos aéreos. Una vez allí, la ilusión y la pasión me hizo transformar el posible miedo en placer, disfrutando de cada paso por aquella preciosa zona, que solo permitía la admiración de quien se hallaba por allí.
Al llegar al refugio la sensación de nervios agradables aumentaba ya que el día siguiente estaba programada la ascensión a mi primer cuatromil, el Castore, del cual también había visto fotos y me transmitía gran respeto por su cresta final bastante aérea en las fotos, aunque mi padre y Jesús la consideraban, antes de la ascensión, un cuatromil asequible perfecto para mi escasa experiencia en nieve y hielo. La altura se hizo presente durante la tarde en la que no me sentía cómodo del todo y la cabeza presentaba un dolor suave, pero constante, que aumentaba la sensación de incomodidad. Aún así, la acogida del refugio y las únicas e impresionantes vistas del atardecer a 3.585 mts desde Quintino Sella disimuló el pequeño mal de altura ayudando a la aclimatación. Era mi primera vez en un refugio. También me hizo disfrutar del viaje ese primer contacto con el mundo casi profesional del alpinismo, que solo había visto en películas, e hizo aumentar mi exaltación y motivación de cara a la ascensión de mi primer cuatromil. En el refugio respiré por primera vez una sensación de profesionalidad y seriedad de los montañeros que agrupados con sus guías o entre grupos de amigos planeaban y comentaban la ascensión del día siguiente. Las caras rojas quemadas por el sol reflejado en la nieve, con las marcas de las gafas para la ventisca o el sol, reinaban la sala de estar del refugio, donde la multitud de idiomas hacia del refugio un popurri de culturas y países enriquecedor para cada uno de los que nos encontrábamos alli.

La noche fue larga ya que, conciliar el sueño a tal altura no fue tarea fácil. Con una suma de 5 horitas en total aproximadamente, a las 5,30 de la mañana bajamos a desayunar. En ese momento, viendo el despliegue de material de los diferentes montañeros, las caras de concentración y algo de respeto, puesto que algunos pretendían adentrarse en la ruta de los Lyskamm, me hizo darme cuenta que estaba entre profesionales del alpinismo y me hizo sentirme uno más. Disfrutando de esa sensación algo mezclada con sueño, sobre las 6,30 con la primera luz del sol comenzamos la ascensión en último lugar respecto el resto de cordadas que tenían el mismo objetivo. Aprovechamos así, para disfrutar de una buena y marcada huella que nos permitió ascender con facilidad pasando varias cordadas multitudinarias hasta llegar al comienzo de la cresta, donde hicimos la primera parada para abrigarnos y echar alguna foto. Estaba muy emocionado, a la vez que veía la rapidez con la que se aprende en las escasas horas que llevaba en los Alpes. Las posibles grietas habían rondado la cabeza de Jesús durante la subida al refugio, preguntando a los que bajaban por la ascensión al Castore para asegurarse de la seguridad en forma de huella marcada. Yo nunca había visto una grieta en un glaciar en persona ni tampoco me había despertado preocupación en los Pirineos puesto que, nunca había hecho excursiones exigentes en invierno. Esto aumentó mi concienciación del nivel en el cuál estaba codeándome. 
Las grietas durante el glaciar fueron inexistentes aunque en la ascensión desde el refugio Gnifetti me cansaría de verlas hasta cuando visitabas el baño del refugio e incluso hasta sortearlas en el final de la ascensión de los últimos días. Comenzamos la cresta del Castore una vez remontamos el Felikjoch (4.093). La cresta del Castore superó las expectativas de mi padre y Jesús, y a mí me hizo perder el miedo a los pasos aéreos, disfrutando de la cresta y de las vistas. Se hizo necesaria la concentración por las pequeñas ráfagas de viento que nos envolvían y nos recordaban que nos encontrábamos a 4000 mts e intentábamos subir el Castore. Desde ella, vimos la pared de hielo del Lyscamm occidental aparentemente inexpugnable (desde mi visión inocente) en la cual había una cordada de unos 5 valientes que consiguieron superarla y se adentraron en la cresta para conquistar el oriental.

Finalmente, llegamos a la cima del Castore con una vista preciosa del Cervino que me emocionó. La cima no era muy amplia y se encontraba en pendiente por lo que la concentración seguía muy presente aunque la sensación indescriptible de felicidad, me hizo recordar aquel momento como uno de los mejores de mi vida que siempre recordaré.

Y por fin, había conseguido mi primer cuatromil, el Castore con sus 4.228mts.

Para terminar con este relato quiero agradecer a Jesús su amabilidad para llevarnos a tal sitio y confiar en nosotros a la vez que por hacerme descubrir en gran parte este mundo tan apasionante como es la montaña.  


Martín Moliner Fran  Septiembre 2016




ACUMUER-VILLANÚA, RECUPERANDO EL CAMINO
 Un antiguo camino conecta los pueblos de Acumuer en el valle del Gállego (Aurin) y Villanúa en el valle del Aragón. Está muy cerrado por la maleza pero es de gran utilidad para ascender al pico de La Espata desde el valle del Aurin. Hemos empezado a cortar y desbrozar. La tarea se prevée larga y fatigosa pues para llegar al tajo ya echamos hora y media de marcha.


 Al fondo la Peña Retona 2.771 m, cumbre de Partacua.

 Serramos gruesas ramas de pino y podamos enebros y bojes. Acabas agotado y luego hay que regresar hasta Acumuer. Nos gustaría que estuviera listo antes del invierno para poder subir con raquetas al monte Bacún, 2.189 m.



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