jueves, 18 de junio de 2026

PIC MIDI D´OSSAU. VÍA NORMAL INTERRUMPIDA POR NEVEROS

 


MADEMOISELLE OSSAU

(2885 m)

Lo cierto es que le he estado dando muchas vueltas a cómo empezar y cómo encarrilar este relato.

Si desde el punto de vista técnico del alpinismo o montañismo o simplemente el de una historia de amor en un intento de explicar lo que me sucedió el día 10 de junio de 2026 en nuestro peregrinar hacia la cima de esta montaña.

Y digo peregrinar puesto que el encadenamiento de actividad montañera con mi amigo Jesús Vallés durante estos últimos días, reflejando e intentado compartir nuestro sentir con otros amantes de la montaña y de todo lo que ella representa y que debería ser respetado por los unos y los otros, nos ha llevado a visitar varios lugares que nos han acogido con agrado. Araguells, Mallarruego y ahora el Midi dÓssau.

Y ya me centro en ti. Como te denomina mi compañero y guía de esta aventura:

“La señorita Ossau”

Desde que empecé a caminar por nuestras montañas, esta cumbre siempre o casi siempre aparecía como guía y símbolo de la mayor parte de ellas

Cuántas veces hemos exclamado en cualquiera de nuestras andanzas…: “Mira! Ya se ve el Midi”

La montaña omnipresente. Vigilante y admirada por todos.

Durante todo este tiempo jamás me había ni tan siquiera planteado el poder ascender a su cumbre y poder admirar desde aquella el reino que obviamente presidía.

Mis conocimientos del lugar y saber que había que escalarla conociendo mis limitaciones en este terreno la colocaban sin duda en el apartado de objetivos inalcanzables.

Pero mis andanzas pirenaicas a lo largo de los últimos 10 años aproximadamente me han permitido conocer y establecer vínculos de amistad con montañeros y alpinistas mucho más expertos que yo.

Con ellos he ido adquiriendo poco a poco destrezas que ni yo mismo podía imaginar.

Y en casi todas estas andanzas pirenaicas siempre...” ¡Mira! Ya se ve el Midi”.

Hacía unas semanas, Jesús comentó que tenía previsto ascender esta cumbre por su circo sur. Por una vía que él conocía. Algo de cramponaje en 40-50º y escalada nivel III y III+

Hablando del tema le pregunté que si creía que yo estaba preparado para afrontar semejante reto.

Sin dudarlo me dijo que ¡“Sí, hombre! ¡Por supuesto!

Confiaba (y confío) en él plenamente. Máxime cuando todas mis últimas correrías pirenaicas las he realizado mano a mano con él.

Y con el añadido de que él también tiene una relación con esta montaña más que especial y de que se conocen mutuamente.

Porque si algo me ha quedado muy claro con esta montaña es que no se trata de sólo conocerla sino de que ella también te conozca a ti.

Así que le fui dando vueltas a la cabeza y le dije a Jesús que sí. Que adelante.

¡MADRE MÍA! Más de una semana antes para mí empezó la ascensión. Preocupado internamente por muchos motivos relacionados con la misma.

Y por fin llegó el día.

La noche anterior la pasé en un cuarto de material montañero que me facilitó Jesús para dormir en compañía de mi amiga Chucky. Todo ello me dio una PAZ absolutamente necesaria en esos momentos.

Y el día 10 de junio emprendimos camino.7:30h de la mañana. Aparcamiento de Aneou.

Niebla.

Decidimos ir provistos con todo lo necesario para hacer la ruta planificada pero estas condiciones nos hacían dudar. En el refugio de Pombie decidiríamos qué hacer debido a estas circunstancias.

Empezamos a caminar. Todo le concedía a nuestro avance un aspecto místico. Caminábamos solos. El silencio se apoderaba de todo. No era silencio. Era la señorita que ya me estaba susurrando. Yo no la entendía. Ni tan siquiera sabía que me estaba hablando.

Llegamos al refugio. Jesús se tomó un café largo francés y tras valorar la situación de poca visibilidad y humedad me sugirió abandonar el plan inicial y realizar la subida por la vía normal.

Una sugerencia suya en este ambiente para mí no es una sugerencia. Es ley. Así que acepté de buen grado.

Y de ese modo reiniciamos nuestro camino por la vía normal. Normal para él. Para mí es la ruta más frecuentada. Pero de normal tuvo muy poco.

Escondimos parte del material que no íbamos a utilizar cerca del refugio y sin más, para arriba.

Seguíamos progresando ya entre los grandes bloques de piedras existentes pasado el refugio. Salpicados por algunos neveros que había que atravesar y en los que el piolet nos aportaba la dosis de seguridad necesaria (había algunos puentes de nieve muy precarios).

Y todo ello le seguía otorgando un aspecto a la ascensión que yo no veía nada normal. Empezaba a sentir cosas de modo más profundo. Seguíamos en la niebla, aunque el “viejo payaso” de vez en cuando ya nos hacía guiños de sus intenciones.

Y finalmente llegamos a la base de la primera de las tres chimeneas que nos quedaban por trepar (¡madre mía! ¡trepar!).

La piedra está pulida. No me siento nada cómodo ni estable.

Llevamos una cuerda de 60 m. Jesús va delante poniendo seguros. Yo sigo atento sus pasos y viendo lo que le cuesta realizar alguno de ellos aún se incrementan más mis miedos. Cuando lo pierdo de vista por la longitud de la cuerda...ya estamos solos. Tú y yo.

En uno de los pasos tengo que encajar mi rodilla derecha y siento un dolor de una intensidad difícil de explicar. Lo que me faltaba. Siento como la rodilla se me inflama. El más mínimo roce me hace pensar que no voy a poder seguir. Por mi cabeza pasan todo tipo de pensamientos. Ninguno positivo, pero internamente algo me mueve a seguir adelante.

Sé que estás viniendo a verme. Pero no te lo voy a poner fácil. Te voy a exprimir hasta que no te quede aliento. Quiero que tu respirar se quede conmigo. Vamos a estar finalmente juntos, pero yo voy a tener algo tuyo y tú vas a tener algo mío.”

Ni idea de cómo, pero con la ayuda incansable de mi compañero y esa voz que ya me acompaña, paso esta primera prueba consiguiendo recuperar el material para asegurar con bastante más dignidad que la de mi estado de estrés y ansiedad me hacían presagiar.

Mi respiración es muy agitada. No me encuentro ni mucho menos cómodo.

Incluso en el “plácido” tránsito hacia la segunda chimenea encordados muy en corto me sentía torpe. Mis pulsaciones estaban casi al máximo.

Casi.

Mientras tanto el viejo payaso luce con todo su esplendor. La vista del mar de nubes y de las cumbres que nos rodean me dejan perplejo. Y en cierto modo logran calmarme por un rato.

Creo que voy entendiendo lo que me quieres decir.

Segunda chimenea.

Rodilla cada vez más abultada.

Yo no estoy preparado para esto. O sí. Yo creo que no. Roce en otro saliente con la rodilla. El dolor es máximo. No puedo. Grito. Respiro con el estómago. Me recupero. Tengo un hambre y una sed indescriptibles.

Me has vaciado los depósitos de glucosa y de agua.

Me has desnudado completamente

Es como querías verme. ¿No es así?

Pues ya me tienes como querías delante de ti.

Tercera chimenea

El hecho de subir este tramo sin cuerda era la expresión externa de cómo estaba por dentro.

Sin nada. No me quedaba nada.

Subimos.

Voy progresando bastante mejor. Atravesamos un nevero con nieve dócil que nos permite superarlo en ascenso con el uso de piolet, pero sin crampones. Ya veremos a la vuelta.

Y ya tras unas pequeñas trepadas y destrepadas estoy allí. Contigo. Contemplando lo que tú ves todos los días. Como me has visto a mí todos estos años en los que exclamaba ¡“Mira! ¡Ya se ve el Midi!.

Probablemente me estés ofreciendo lo mejor que me puedes dar. El deleite para los sentidos.

Tiempo para reponer fuerzas e intentar aliviar el problema de la rodilla. Queda todo el descenso que no veo nada claro excepto en los dos rapeles de unos 30 m que nos quedan. Me calmas. Tú y Jesús.

Jesús me habla. Dice que he subido agarrotado. Tiene razón. Que debo acariciar a la montaña. Sentirla. Esta no es una montaña más. Es Madeimoselle Ossau. La señorita que hay que tratar con delicadeza.

Y así es.

Le doy un beso a una piedra en tu cumbre. Probablemente es lo que pretendías. Es lo que me has visto hacer a tu alrededor durante todos estos años.

Y empezamos a descender.

Me encuentro más seguro a cada paso que doy. Acaricio tu piel rocosa pero infinitamente más suave y hermosa que en el ascenso y siento que el dolor en la rodilla va desapareciendo poco a poco pese a que la inflamación persiste.

Y te voy dando infinitas gracias porque ante mí aparecen fuentes de agua a modo de pequeños charcos en los que puedo calmar mi sed.

Y seguimos descendiendo y en este contexto de hacernos la tarea más sencilla nos llevas por un camino en el que sin saberlo evitamos ese nevero que nos preocupaba.

Y me voy encontrando cada vez mejor.

Y saboreo de verdad las vistas de todo el circo de Ossau. Los picos y las formas son majestuosas.

Es un olimpo de la montaña y no sólo de ella.

Tras descender los dos rapeles que quedaban nos sumergimos otra vez en el recogimiento del camino inmerso en el recogimiento de la niebla.

Y unos metros antes de donde habíamos ocultado el material que no utilizamos, algo me dice: "vuélvete y contempla”.

Silencio.

Sinfonía de colores en tus formas y en tus piedras que un día hace millones de años emergieron del volcán que te dio vida a ti, como reina absoluta de este paraíso llamado Pirineo. Acentuadas por un sol que entre la niebla desplegaba una paleta infinita de colores dibujada en tu piel. Negro azabache de roca volcánica mezclado con oro. Un azul sin nombre. Un susurro del viento desplazando los blancos y los grises en una coreografía perfecta.

Era tu manera de decirme “Au revoir””Maintenant tu fais aussie partie de moi”.

Lo intenté plasmar en fotografía. Imposible. Aparte de la no muy buena calidad de la cámara de mi teléfono móvil estoy seguro de que ningún dispositivo era capaz de captar la imagen que yo veía con mis ojos. Añadiendo al asunto que tengo discromatopsia lo que aún engrandece más si cabe la magia de ese momento

Era tu invitación para volvernos a ver y sentirnos de cerca.

Si quieres verme así de nuevo tendrás que volver a visitarme”

¡Cómo me voy a negar!

Pero sé que serás tú la que me diga cuándo, cómo y con quién.

En esta mi primera ocasión lo he hecho con uno de tus hijos adoptivos, creo. Tras el número de ascensiones a tu trono que lleva mi mentor y anfitrión de hoy creo entender que así lo consideras.

Estoy convencido de que finalmente yo descubriré qué soy para ti. Nos volveremos a ver. Seguro.

Ahora durante unos días tengo que parar. La marca que me has dejado en la rodilla tiene que recuperarse. Tampoco me vendrá mal. Lo has hecho con intención para que asiente el poso que has dejado en mí el día de hoy.

No ha sido una excursión, una aventura, una ascensión.

Ha sido una historia de amor con una montaña.

Y esto lo escribo mientras lo pienso ahora al lado de quien mejor puedo estar. Sereno y tranquilo unos días más tarde en los que con mi rodilla con cataplasmas y hielo entiendo casi todo lo vivido este 10 de junio de 2026.

Casi.

El todo está por descubrir.

Fernando Pérez.







Rimaya llegando al col Souzon. Ampliar imágenes haciendo click.

Encordaje primera chimenea



Salida segunda chimenea



Fin tercera chimenea.



Rein de Pombie.



Al fondo Palas y Balaitous.


Nevero antecima.


Mar de nubes en Valle de Ossau.


Vista Circo Sur.


Cima Midi d´Ossau 2.885 m.



A Fernando le duele la rodilla pero está contento.


Neveros empinados dificultan atravesar la tercera chimenea.

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