miércoles, 15 de agosto de 2018

IBÓN DEL CAO 2.308 m

Ibón del Cao. Ampliar imagen haciendo click.


Situado a 2.300 m de altitud, el ibón del Cao se ubica en un rellano de origen glaciar al pie de Punta Fulsa y Punta Suelza (Bielsa)



Castaño gigante junto al camping de Bielsa. 



Vadina en el río Cinca, justo debajo de Bielsa. Esta localidad NO depura sus aguas residuales y contamina gravemente el río Cinca. Su ayuntamiento farfulla confusas explicaciones para disfrazar su ineptitud e irresponsabilidad en el deterioro del Medio Ambiente. Por su parte la Confederación Hidrográfica del Ebro le impone una ridícula sanción económica. Ambos organismos salvan la cara y las truchas del Cinca se tragan las heces fecales...


La subida al ibón está aceptablemente señalizada ahora que yo mismo he reconstruido más de cien hitos. Es un esfuerzo que vale la pena en una vaguada forestal abrupta. En su parte baja, el sendero pasa a la margen izquierda orográfica del torrente.

El bosque se acaba sobre los 2.100 m de altitud, llevamos unas cuatro horas de caminata. Desde luego este ibón no te lo regalan. Sólo hemos visto a una pareja de veteranos franceses.

Punta Fulsa 2.835 m que ascendí hace un par de inviernos al oeste y Punta Suelza 2.976 m más sencilla de subir, flanquean la cubeta donde se asienta el ibón del Cao. En invierno las avalanchas barren estas vertientes.

Un bastión granítico fisurado ofrece una buena opción para escalar esta empinada vertiente. Me gustaría escalar esa grieta pero necesito un compañero.

Los sarrios campan a sus anchas. El Cao es un ibón muy poco visitado. Mejor así...


Eduardo Viñuales, una criatura de los Pirineos, bichejo amañoso en mi opinión, con la constancia y determinación necesarias para conseguir sus objetivos pirenaicos. ¡Muy bien Edu!

viernes, 10 de agosto de 2018

TROUMOUSE 3.085 m-SERRE MOURENE 3.090 m-LA MUNIA 3.133 m

David Martínez (Barcelona) Puerto de Barrosa 2.534 m. Ampliar fotos haciendo click.


Me preparo para salir de Barcelona destino Aínsa donde me encontraré con el compañero de cordada Jesús Vallés.

Nuestro objetivo es escalar la arista Este del Troumouse, Sierra Morena y La Munia. Esto es lo que me propuso Jesús unos días antes. Yo me sentía algo nervioso y con alguna duda debido a que era mi primera escalada y también por la información que había buscado sobre esa pared, pero a la vez estaba impaciente por empezar la ascensión.
Después de 3.15 h de viaje en coche llego al punto de llegada y seguidamente nos ponemos rumbo a Parzán, para coger el camino del Valle de Barrosa desde donde empezaremos una pequeña caminata hasta el refugio de Barrosa, situado en el circo del mismo nombre con unas vistas espectaculares. Una vez en el refugio, nos encontramos con un montañero francés muy simpático y amable. 
Son las 17.30 h, aún es muy temprano, decidimos darnos un baño en el río y hacer un pequeño entreno de escalada por las rocas de los alrededores del refugio, siendo ya las 19.00 h Jesús prepara la cena, un puré de patata con setas de la zona y algo de embutido para picotear. 
Se acerca ya la hora de dormir, pero yo no tengo nada de sueño, Jesús me nota muy pensativo, la pared Este invadía mis pensamientos, no podía sacármela de la cabeza, por otra parte, a Jesús le entró la tos y el francés roncaba sin parar, yo estando justo en el medio, era imposible dormir. 
Por fin llegan las 4 h de la madrugada, hacemos un desayuno muy nutritivo para coger fuerzas, para beber un batido de algarroba en polvo y semillas de alpiste, acompañado con unas madalenas. 




Primera brecha.

Llegan las 5 h y partimos por el largo sendero 2 h hasta llegar al puerto de Barrosa, al fin, la basta pared justo delante, me quedo impresionado, yo esperándome otro tipo de ruta hacia la cima, no muy decidido, nos encaramos hacia la arista y llegamos a la brecha, justo al inicio de la escalada un paso III°, decido pasarlo, no dejo de pensar en que no existe la retirada, una vez superado, se acabaron los nervios, decido meterle el turbo y como un misil hasta la cima. Ahora hay un tramo sencillo de unos 100 m no muy vertical con algún  paso que otro comprometido, en todo momento está prohibido caerse. Superado los 100-150 m, empiezan los tramos sin escapatorias, no existe el descenso pues no hay apenas grietas firmes para fijar tascones o clavos, es fácil desorientarse y coger una dirección errónea (como nos pasa una vez superada la pared negra).  Nos aproximamos a la famosa pared negra, donde hay una cuerda fija que, se recomienda no utilizar, estamos hablando de un paso de III+° para algunos de IV° pero, justo antes de este corredor, hay que superar una roca bastante expuesta y aérea sin presas para agarrarse, eso sí, no resbaladiza. 

Superado el primer paso de III

Abajo, remontando el escalón vertical de roca negra.

Superamos la dichosa pared pero no acaba todo aquí, tomamos un camino que no toca, nos desviamos un trozo y nos metemos en un fregado, una roca enorme agrietada que casi ni cabemos de lo estrecha que es, nos arrastramos con el cuerpo y con ayuda de las piernas haciendo palanca hacia arriba para superarla, se requiere de físico y técnica, superado esto ( no es la vía normal) escalamos una pared de unos 15 m de piedra tipo pizarra que a la mínima se rompe, tramos aéreos a cortados donde no existe una mala pisada. Nos aproximamos ya a la cresta y vamos faldeando la cima a la vez que cresteamos, ya estamos en el tramo final, ya vemos el trípode de la cumbre, pero no acaba todo aquí, quedan los 40 m de cresta vertical al Sierra Morena!
Llegamos al paso III° del mismo pico, es poco técnico, se pasa con facilidad, pero peligroso y expuesto, cresteamos fácilmente hasta el tercer 3.000, La Munia, nos cruzamos con varios grupos que vienen por la vía clásica de La Munia, Troumouse estaba solitario. 


En la parte alta de la cresta, la roca mejora.

Abajo travesía aérea sobre el Circo de Baroude.


Pic Troumouse 3.085 m

Al fondo Monte Perdido.



La proa erguida de Serre Mourene.

Corta sección vertical (III sup)



David escala con soltura y rapidez. Serre Mourene 3.090 m



La Munia 3.133 m


Empezamos ya el descenso, parece que todo el peligro ya ha pasado pero aun quedan algunos pasos con peligro, el primero, el paso del gato que, para subir me parece un nombre acertado pero para bajarlo sin cuerda, yo le llamaría el paso de la babosa más bien, ya que tienes que estirarte por completo e ir arrastrándose por la pared mientras te vas ayudando con una grieta que hay justo en el medio.
Llegamos ya al collado y vamos dirección al puerto de Barrosa superando un glaciar fácilmente hasta llegar al Camino de las Pardas (no lo recomiendo, pues tiene 3 pasos muy comprometidos con una garganta a la derecha de unos 90 m al vacío)
Jesús pretendía bajar directamente por el Circo de Barrosa hacia el refugio pero, yo le decía que no, que era bastante vertical para bajar, esto lo discutimos varias veces en la ruta, al final le convencí, que mejor por Las Pardas, luego resultó ser la vía más peligrosa hacia el refugio, uno de los 3 pasos era el de la cascada, tenías que pasar medio corriendo justo por debajo, con el suelo mojado, tendría 1,5m de ancho x 3m de largo, a su derecha una caída al vacío. Después de 8h de peligro constante, llegamos al sendero que va hacia el refugio, fuera ya de peligros. Han sido en total 11 h de ruta contando desde el refugio.




El famoso "Paso del Gato", o de la "babosa"


Neveros escarpados bajando al Collado Robiñera.


Piolet y crampones.


Camino de las Pardas. Nevero, cascada y trepada.

Largo, fatigoso y peligroso.



En rojo la ruta seguida.

Agradezco al gran compañero de cordada Jesús Vallés por guiarme en esta tremenda e inolvidable ascensión.
David M

domingo, 5 de agosto de 2018

PICOS DEL INFIERNO, CIRCULAR COLLADA SARETA-CORREDOR SUR Y LAGOS AZULES. ACCIDENTE MORTAL

Viernes  20 de julio 2018.
Raúl Gállego, junto con nuestros perros Chucky y Váli, remonta el corredor sur de los Infiernos que presenta un aspecto poco amistoso, con profundas rimayas, nieve muy dura y empinado a 60º en algunos tramos. Hemos alcanzado esta vertiente en una ruta un poco larga y rebuscada, por la Collada Sareta, entre los picos Arnales y Pondiellos. Este acceso a la cara sur de los Infiernos se encuentra encima del ibón de los Arnales.
Ampliar foto haciendo click.


Para llegar al corredor ha sido necesario remontar una pala de nieve dura, empinada en 45º. Los perros han tirado para arriba sin esperarnos. Chucky se percata de que enseguida me he pasado a las rocas secas por donde se asciende más fácilmente. Sin embargo, Váli se vé obligado a escalar todo el corredor (tracción a las cuatro patas) hasta que desde arriba consigue reunirse con nosotros. Arriba en la cumbre oriental cresteamos al Infierno central y occidental. El tiempo aguanta y con rapidez descendemos al oeste hasta el ibón de Tebarray.


Raúl con los perrillos. Cumbre oriental.

Chucky recorre la cresta de las Marmoleras saltando y jugando con Váli. Destrepa de frente los cortados que yo me veo obligado a desescalar con cuidado. Chucky es una perra de raza pastora alpina. Nació a 2.000 m y me la trajeron de cachorrita llena de pulgas y garrapatas. Es una perra que me lee el pensamiento y va buscando el camino, y siempre lo encuentra. Escala las laderas de nieve, las rocas heladas. ¡Chucky es sin duda la perra más valiente de los Pirineos!

Aprovecha cualquier ocasión para mostrarme su afecto esta perrita...


El tiempo aguanta y seguimos los hitos buscando los mejores pasos para bajar la cresta oeste de los Infiernos.


Ya en el Collado de Tebarray se acaban las dificultades. Continuaremos ahora un rato con los crampones hasta los lagos azules. Por el camino vamos encontrando senderistas y montañeros, unos por la G.R, otros hacia la cumbre de los Infiernos. Casi ninguno lleva piolet y les informamos de lo delicado y peligroso que está el corredor sur en el caso de que decidan bajar por esa vertiente. Ellos se sorprenden viendo a nuestros perros Chucky y Váli, pero deberían saber que estos canes ya han subido muchas cimas, también de 3.000 m, en la temporada invernal pues tienen tracción a las cuatro patas y muy bajo el centro de gravedad. Dos días más tarde, el domingo, un montañero cántabro de 63 años pierde la vida al caer en el corredor sur. Los grupos de rescate encontraron su cadáver empotrado en la rimaya. El G.P.S aquí es más bien un estorbo pues su minuscula pantallita nos distrae la atención y no vemos al hombre de la guadaña que acecha para cobrarse su presa en la trampa mortal del corredor.

lunes, 30 de julio de 2018

MONT BLANC 4.810 m

MONT BLANC 4.810 m. 
Álvaro Osés Arbizu. Alpinista y escritor. Tudela de Navarra.
Campamento en Tete Rousse. 10 de julio 2018


Cuando me propusieron ir al Montblanc contesté afirmativamente sin pensarlo demasiado, después me entraron las dudas: No hacía una actividad en altura desde 2005, unas semanas antes había hecho un test en la Pica de Estats que me demostró que podía acabar agotado después de 12 horas de marcha, además, el plan de ataque iba a ser una ascension alpina, con tienda de campaña, saco, esterilla y comida, sin aclimatación previa... eran suficientes incógnitas como para dudar del éxito de la empresa ¿Cómo respondería a ese esfuerzo mi cuerpo con un pie en la cincuentena? ¿Qué tiempo tendríamos en la ascensión? ¿me harían rozaduras las botas nuevas? ¿A qué huelen las nubes cuando te cae una tormenta del carajo?

Como último entrenamiento, la semana anterior al viaje, subí al Moncayo desde San Martin de la Virgen del Moncayo (1.800 mts. de desnivel) con peso suplementario en la mochila y un pinganillo en la bajada para escuchar el partido de la Selección. Lo mejor del fútbol ese sábado fue que pude estar en la cima media hora tumbado en absoluta soledad. A estas alturas, un lujo al alcance de muy pocos privilegiados. España jugó sin gloria y mi cuerpo, sin excesivas alegrías también, me brindaba un empate entre mi esfuerzo y el cansancio inevitable. Parecía no obstante que iba cogiendo la forma física necesaria.

Lo que no pude entrenar fue el trasero. Los más de mil kilómetros entre Sabiñánigo y Saint Gervais Les Bains del día 8 de julio fueron un pequeño tributo que pagamos sin rechistar y parando cada dos o tres horas como mandan los próceres de tráfico.

El lunes día 9 tuvimos un agradable día de descanso con paseo matinal por un bosque, comida en el pueblo, comprobación de los horarios del tren de cremallera e inesperada constatación de que se puede dejar el coche aparcado gratis delante de la estación del tren. No todo es sacar dinero al turista en el parque de atracciones de los Alpes.
Un baño en el lago adyacente al camping y sólo quedaba esperar a que Quique y Mónica regresaran de su ascensión al Mont-Blanc de Tacul para completar el equipo.

Todos los astros parecían haberse alineado para concedernos la cima. El primer día de ascenso el tiempo fue magnífico y la ventana de buen tiempo estaba anunciada hasta el viernes. Subimos los primeros 800 metros sin problemas y acampamos en la nieve cerca del refugio de Tête Rousse rodeados de bastantes tiendas, muchas de ellas de polacos que parecían buscar con ansia las condiciones invernales que tanto les gustan. Cenamos pasta, frutos secos y comida de fortuna.

La primera noche fue bien para todos excepto para Jesús que había bebido agua de un nevero con un refugio por arriba y tuvo que salir hasta siete veces de la tienda por des-composición. Nos levantamos a las dos de la madrugada, Jesús no pudo desayunar y Enrique y Mónica se fueron al refugio donde habían reservado el desayuno y la tienda de campaña en la que habían dormido. El famoso corredor de Gouter, también llamado por los españoles «La Bolera» estaba inerte. No caían piedras. La arista de Gouter estaba limpia de nieve, una ascensión de unos 668 metros con sirgas y estacas metálicas en la que también hay que estar atentos a las caidas de piedras, afortunadamente no subía mucha gente delante nuestra y, nosotros, como las condiciones lo permitían, decidimos también subir sin cuerdas para evitar a los de abajo sorpresas innecesarias.
Hay que reconocer que este año de abundantes nevadas también había contribuido a que no necesitáramos cuerda ni arneses para atravesar grietas que estaban bajo un manto espeso de nieve. Desde hace un año o así, el alcalde de Saint Gervais ha obligado a todos los alpinistas a llevar un material mínimo: arnés, casco, botas, piolet, crampones, etc... y la razón es la proliferación de personas que se creen poseídas por el espíritu de Kilian Jornet.


Álvaro Osés pasando cerca del nuevo refugio de Gouter.

Hasta el refugio de Gouter el tiempo fue frío pero soportable, yo subía detrás de la incombustible Mónica con una camiseta térmica y un forro polar grueso. Al asomarnos a la cresta de nieve que ya no abandonaríamos hasta la cumbre, el aire nos obligó a ponernos cortavientos y continuamos los últimos mil metros de desnivel sin problemas por unas pendientes de nieve no excesivamente vertiginosas para lo que yo me imaginaba y con la nieve en condiciones muy buenas.

Cota 4.000, refrigerio.


Dome de Gouter con el Mont Blanc al fondo.


Arista de les bosses.



El momento de cumbre fue magnífico para todos. Para Jesús, que a pesar de su problema gástrico, llegó 20 minutos antes que el grupo era su segunda cima del Montblanc. Para los demás, era nuestro estreno en el techo de Europa Occidental y en mi caso, suponía conseguir la cima después de dos intentos, el primero de los cuales databa de 1996. No está mal para un Cabrónidas Andino cincuentón como me ha apodado Jesús en este viaje relámpago a los Alpes.

Como suele ocurrir en este tipo de aventuras, aún nos quedaba lo más complicado: el descenso. Después de muchas horas de bregar con la nieve refulgente y el calor de la bajada (horas interminables) volvimos al refugio de Gouter y, esta vez sí, entramos para celebrar la cima con una cerveza. A Quique el brebaje caliente que pagamos a precio de gulas le revivió de tal forma que no necesitó descansar mucho para retomar la arista de Gouter junto con Mónica. Jesús y yo nos echamos una siesta en el comedor y casi dos horas después emprendimos la bajada acompañados de un ruso que aparentemente confiaba en nuestro criterio.

El paso del corredor era muy diferente a las seis de la tarde que a las tres de la madrugada. Cada diez minutos aproximadamente, caían piedras de multitud de tamaños, algunas como armarios roperos que tenían la virtud de bajar golpeando otras muchas piedras que acababan en tromba justo en el paso que debíamos atravesar. Lo pasamos a la carrera, sin encordar y, en el caso de Jesús, sin crampones: tampoco eran absolutamente necesarios. Lo peor había pasado.

En el viaje de regreso oímos en la radio que habían prohibido el paso a todos los alpinistas que intentaran como nosotros la llamada Vía Real y que no tuviesen noche reservada en el refugio de Tête Rousse. Hasta cierto punto puedo entenderlo, vi a más de un español comentar que iban confiando en el buen corazón de los refugieros si la cosa se ponía seria porque no tenían solucionada la noche de regreso de la cima... una cosa es la aventura y otra la inconsciencia, si quieres la cima siempre puedes hacer como nosotros, cargarte como una mula y tirar para arriba como un cabrónidas cualquiera.

Jesús, Álvaro, Mónica y Quique.

miércoles, 25 de julio de 2018

PICO ARRIEL 2.885 m. LOS PERROS QUEDAN ATADOS

Collado entre el Pico Arriel y el Petit Arriel. Nuestros perros se van a quedar aquí bien atados pues la pirámide final del Arriel presenta cortas trepadas, pasos de Iº y IIº, y riesgo de caída de piedras. Desde el embalse de La Sarra se coge el camino del río Aguas Limpias y después de pasar el puente sobre el Barranco de Soba cogeremos un desvió que sube hacia el norte, señalizado "Pico Arriel", 45 minutos desde La Sarra. Superar un hayedo empinado, sendero tortuoso, bien balizado con hitos. En unos 30 minutos saldremos a un rellano despejado, pradera y torrente principal que desciende precisamente del Pico Arriel.

Pero remontamos unos quince minutos por la orilla este para cruzar a la otra orilla, ganar unos 50 metros y tomar una media ladera en dirección sur-oeste que asciende hasta un colladito, hito. Por prados empinados, senda, trazas, ascender al norte, con tendencia nor-este, saliendo al Collado de Soba, 3 horas y media desde La Sarra. Atravesar neveros y pedregales hasta el Collado Arriel-Petit Arriel, cuatro horas desde La Sarra, preciosa vista sobre el Palas y el Balaitous.

Los perros aúllan, pero acabarán callados. Remontamos junto a una cuniestra de nieve en la loma norte del Pico Arriel.

Chequeando al novato, trepadas fáciles pero con abismo. Mejor una cuerdecita. Ya conocéis mi política en la montaña: cero accidentes!!

Corto tramo en cresta con abismo a ambos lados (IIº)

Alberto Pueyo, el papá de Arriel Pueyo Vallés, mi nieto, contento en la cumbre, 2.885 m.

Al fondo el Balaitous 3.144 m y su formidable arista Noroccidental, flanqueada por la Gran Diagonal, toda nevada... pero estamos a 17 de julio!